Es como una guitarra verde que nunca calla su voz, llanura serena y pensativa, que el gaucho galopa siempre adelante del caballo en la esperanza. Ese mar de yerbas de siglos de soledad azul y furias blancas es llamado pampa. Algo así escribió Atahualpa Yupanqui y así de argentino es el nombre del restaurante que visitamos: Las Pampas.